ANESTESIA DEPORTIVA
El deporte entendido como un refugio para el estrés. Relájate, pero no ceses en tu lucha. Piano, piano, si va lontano. El deporte no da soluciones, pero sí alegrías. El blog intenta hacer periodismo para los de abajo y no para los de arriba. 'Anestesia Deportiva' es un mero pretexto para contar historias. Una excusa para buscar a través de cosas no importantes, como los deportes, quizás lo más vital: la felicidad ¡ANESTÉSIATE!
Las miserias del twitterfútbol
El fútbol actual vive una ola de trincherismo abominable y los periodistas están en su cresta. Salirse de los márgenes se considera pecado y perderse en los matices puede conllevar una pérdida de salud por los insultos de algunos sectores. El que pierde siempre es el periodismo y la gente que siente de verdad el deporte y que lo viven desde el respeto y la ciudadanía. El mundo tuitero es uno de los puntos conflictivos.
Es imposible caer bien a todo el mundo. Somos imperfectos. Sufrir insultos de todo tipo vía twitter está de moda. También te pueden caer palos por escribir una reflexión como tweet que en realidad le pertenecía al maestro Pasolini. "el Bayern tiene un discurso de belleza y tratará de ser poético, el Chelsea de sintaxis e intentará ser prosa". A partir de aquí, me bombardearon. Empezamos por las suaves "está metiendo el currículum vitae para El País Deportes", "hazle una poesía a la cara de Ribery", "es del clan de Diego Torres y Fernando Palomo, además su amigo" "va a por el MVP con el tonto de Rubén Uría". "Es un Segurola de mercadillo". Muchos se califican "mourinhistas". Algunos sí han mostrado el descontento de forma elegante y con humor. Hasta ahí bien. Se ve el estilo de gente y el mal gusto que tienen por el periodismo. No por este joven que según el carnet de identidad no supera los 21 años y que está en sus albores como periodista sino por los demás compañeros de un trabajo que roza siempre el excelente. Para pasar a las que duelen "Eres un cretino y mereces ingresar en el manicomio", "eres un loco de mierda, ojalá desaparezcas de la faz de la tierra", "ojalá se muera". Tanto hasta llegar a insinuar con colgar fotos mías para "hundirle la vida" o crear un fake para descojone de toda la tropa. Este tipo de gente no solo está en el twitter sino en las otras redes sociales; solo hace falta pasarse por los comentarios en las noticias de Marca para intuir el retraso mental de alguno (muerte de Pitina, por ejemplo).
Hubo un tweet que me llenó en parte de satisfacción: "Puto poeta no contesta a los insultos el maricón de mierda". Los infelices suelen buscar hacer infelices a los demás, por eso no hay que entregarles esa felicidad. Se trata de una tribu ruidosa que solo escondidos en el anonimato se atreven a lanzar las piedras al unísono y que se sienten importantes cuando le hacemos caso. No deberíamos perder ningún minuto en darles ese gusto, siempre se amparan en la masa para lichar a alguien. Han logrado largar por hartazgo al propio Segurola o Ramón Besa.
Lo que más me gusta del fútbol es su espíritu del amateurismo y la infinidad de matices y episodios novelescos que posee cada encuentro que como explica Javier Marías "es el regreso semanal a la infancia". En la vida es preferible llevarse los desengaños temprano. El odio produce dinero y se fomenta en esta sociedad. Nada como pisotear al otro para quedar por encima. Me opongo a los extremismos, son nocivos para la reflexión. "El fanatismo tiene el defecto de estrechar el recinto mental y dejar espacios solo para nuestras obsesiones, nobles con respecto a nuestro equipo y demoniacas respecto al contrario. El aficionado es sectario por naturaleza, y eso es siempre un peligro potencial. Creo más en las mayorías silenciosas. Cada afición tiende a tener un pensamiento único. No caben muchas ideas dentro de un grupo de fanáticos" comentaba Jorge Valdano en una entrevista al diario El País. Advierto, no es por curriculum vitae, es el periódico sobre deportes que más leo porque es de los pocos que supera el calificativo de "panfleto".
Actualmente la perspectiva de las filias y fobias es la mejor para el tránsito de las noticias -desnoticias- por las tripas de este abominable negocio de los medios que hemos fomentado entre todos. Vivimos en la histeria permanente y todavía está mal visto unir deporte y cultura. Son los mismos que maltratan a los que tratan a la información con rigor y se detienen para analizar el juego con subjetividad como seres humanos que son, e imparcialidad como periodistas que a unos lectores se deben.
Desde que tengo uso de razón le profeso amor al deporte en general y al fútbol en particular y por las noches me convierto en niño porque sueño con goles. Eso no me lo puede quitar nadie. Los sueños, nuestros son. Se trata de otro romance, este con la pelota y por ello lo considero también una pasión literaria. Los he asociado siempre porque cada verano que mi madre (profe de Lengua y literatura españolas) me llevaba a Segovia a visitar la casa de don Antonio Machado, a Salamanca y ver la universidad donde estudió yo aprovechaba para comprarme una camiseta de fútbol o a Madrid al café Gijón y mis sueños eran cumplidos, ir al Bernabéu para vivir la Supercopa de mi Real Madrid de Raúl. Cuando de pequeño veía en esos veranos los libros a mi madre sentía pena por el aburrimiento aparente que le tocaba vivir mientras mi hermano y yo jugábamos en la plazoleta al balón.
Con los años me han empezado a salir algunos pelos en las piernas y me he dado cuenta de que esa pelota que teníamos hablaba pero para contar las historias que desprendía hacían falta palabras y las palabras estaban en esos libros que cuando uno se pone a leerlos pueden llegar a ser tan divertidos como el mejor partido de fútbol. Así llegué a comprender lo que decía Pasolini: "El máximo goleador de un campeonato es siempre el mejor poeta del año y el fútbol que produce más goles es el más poético". El que sea sordo para la poesía del fútbol, que no insulte porque igual algún día se hacen mayores y se dan cuenta de que estaban equivocados. Aunque el radicalismo nunca admitirá tal cosa. No tiene hombría, no crece y sobre todo no respeta. Pero tampoco tiene niñez porque dudo que disfruten del juego. Disfrutan insultando. No les hagamos ni puñetero caso.
Cuando he hablado infinidad de veces bien de Mourinho, no escuchan, no piensan; solo les gusta embestir. En fútbol manda el "conmigo o contra mí" cuando su máxima belleza reside en su diversidad y variedad de estilos. Como en todo, en twitter hay miserias y grandezas. Lo mejor es quedarse con lo bueno y seguir creyendo que si una sola persona quiere conversar, vale la pena aguantar a todos los energúmenos juntos.
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ALFONSO LOAIZA
Lampard is a lengend. La otra historia de la final
El futbolista británico esconde un relato romántico entre dos personas invisibles. El significado de la palabra Lampard desprende tanta o más pasión que la legendaria obra de alzar al cielo la Champions.
"Si uno camina con el corazón limpio y prende con fuerza sus deseos, jamás caminará solo; siempre encontrará compañeros que le ayuden y hagan fácil el trabajo. Son los invisibles. Forman una cadena mágica". Aparece en 'el arma de los invisibles' el libro de José Manuel García-Otero, el gran editor y periodista de Diario Fénix, que el mismo me regaló este jueves con una dedicatoria que rezaba así: "A Fonsi, al que disparé al corazón y me devolvió el disparo". No lo recomiendo solo, lo recomendó el mismísimo Pep Guardiola. Antes compartimos una amena charla sobre historias de fútbol, Maradona, periodismo y vida. Probablemente sea el periodista deportivo con más experiencia de Sevilla, sus 30 años al pie del cañón y al servicio de los amantes al deporte así lo atestiguan. Después de pasar un buen rato con él y entrar a su casa, me acercó al metro en su coche y al despedirme y salir por la puerta me sentí mejor persona. Son esas pequeñas cosas las que convierten al periodismo en el oficio más bonito que existe.
A José se le olvidó algo importante, pedirme que escribiera sobre la final de Múnich. Y más tarde me llamó. El tema podría partir del matiz del superhombre Drogba, los regates endiablados de Robben o Ribèry o el fútbol de prosa y sacrificio por la sintaxis del Chelsea y el fútbol poesía y entregado a la belleza del Bayern. El código de este deporte permite una infinidad de significados, palabras y discursos. Entonces me acordé de algo que me dijo: "Ya escribo menos de fútbol, cada vez miro más a mi interior". Esa quizá es la máxima profundización que pueda hacer el hombre. Para hablar del planeta ya están esos grandes intelectuales de razón que no son capaces de escuchar al corazón. El mundo no está hecho de átomos, sino de historias. Por eso quería compartir una aventura más íntima, porque el fútbol al fin y al cabo es la gran excusa que tenemos los hombres para hablar de todo lo demás.
Un grupo de amigos tuvo un paradójico sueño en el que las mujeres serían los futbolistas. Soñaron a jugar creyendo que la escoba era el caballo. Se cuenta así la desgraciada aventura que se topó Don Quijote en topar con unos desalmados pero honestos compañeros. Una fue Hazard porque estudia en Bélgica, otra Joaquín porque la conocieron en el Puerto de Santa María... Y así hasta llegar a Frank Lampard, la joya de la corona para uno de ellos. Su jugador favorito y mito al que veneraba. Otro de los amigos no estaba de acuerdo para semejante nombre. "¡Cómo le vas a poner Lampard!" exclamaba.
De casualidad y en otra aventura, el caprichoso destino le puso al que despotricaba a compartir con ella una noche y conocerla. A la mañana siguiente el chico se levantó de la cama y contó lo que había soñado. Era realidad. No podía ser cierto. Lampard había sido la princesa de sus fantasías. Casualmente su hermano en un viaje a Londres le acababa de comprar la camiseta del '8' inglés aunque le pidió la de Rooney. Los astros del cielo y de los sueños se habían alineado para que los dos se conocieran más y quién sabe si para que naciera un nuevo romance. Sin embargo, el chico pertenece al terrible grupo de los malditos, de los antihéroes y junto a Lampard no podía escuchar a su corazón porque los pies le temblaban de los nervios y se transformó en una persona totalmente diferente a su forma de ser y así nunca le dejó ver su lado más sensible.
Aunque el joven emprendió su viaje como una aventura de la libertad de los sueños, estuvo preso de amor durante mucho tiempo. Su conquista por su inaudita torpeza ya se antojaba como un imposible y solo le quedó ser un furtivo, amar a escondidas y hacer como su amigo, venerar al futbolista. Así lo hizo. Celebró sus goles como si fueran suyos, de ella, de los dos y cada diana era como un abrazo entre los dos. El fútbol, mágico como él solo, le otorgó esa oportunidad de acariciar a lo que nunca podría tener. Como Don Quijote, navegó el navegante aunque supiera que nunca llegaría a las estrellas que lo guiaban. Llegó el caso de que si marcaba Lampard en cuartos se tatuarían en Mallorca; y se cumplió, aunque lo más cerca que estuvieron de hacer semejante locura fue ir a la tienda a pedir precio.
El chico es periodista, se llama Fonsi Loaiza, escribió en verano en la Guía internacional de Borja Pardo sobre el Chelsea y tituló "Special Group" y como estrella del equipo escogió a Lampard. Por entonces, no la conocía personalmente y tampoco tenía mucha fe en que los 'blues' llegaran a una final de la Champions. Este muchacho enamorado ya ha malogrado su oportunidad y le canta como todos los que cantan al desamor y es el fútbol el arma cargada de sentimiento que le queda. El arma del invisible para ella. La expulsión de Terry ante el Barcelona y la victoria en la final frente al Bayern propiciaría que Lampard levantara la Copa de Europa, le dijo el que le puso originariamente el nombre a Lampard, a Cristina. En ese momento pensó que las utopías sí que merecían la pena. Aunque al perseguirlas, al acercarnos a ellas siempre se alejen, es la única forma que tenemos para crecer y caminar.
Le alegra haber convertido el infortunio y las equivocaciones en una leyenda romántica gracias a un mito como Lampard al que el este deporte le debe una Champions. Verá el partido en casa con esos amigos sin tatuajes que son otro Special Group y también con la camiseta del centrocampista inglés estrella puesta encima del corazón quebrado. Si Lampard alza la Champions espera que sea el último gran abrazo de los dos, pero no lo promete, quizá sea el penúltimo. Las utopías son como el fútbol, para soñar; y espera que todos esta noche hayamos soñado con una gran final, con un gran amor. José Manuel le comentó que en esto del periodismo luchaba contra molinos de vientos. Es bueno ser Don Quijote y creer que son gigantes. Como define Eduardo Galeano: "el antihéroe de dimensiones heroicas". Los quijotes aunque pierdan, nunca son derrotados porque vencen moralmente.
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ALFONSO LOAIZA
FUTBOLMANÍA
Días tristes para el periodismo, al que matan poco a poco. Cierres, recortes y despidos a gente talentosa para contar historias irrumpen con más fuerza que nunca. No soy un optimista antropo-ilógico aunque mis 21 años se inclinan por las utopías. Llevo trabajando en medios desde antes de cumplir la mayoría de edad y el panorama es desolador. Me han informado ya tres veces el término de un proyecto ilusionante , de un trayecto ambicioso. No quiero ni pensar lo que nos queda por vivir a las nuevas generaciones en el primer oficio que existió. ¿Qué hizo el ser humano cuando nació? comunicar.
Mi optimismo es antropológico en el sentido de que mientras haya una persona que quiera escuchar lo que pasa, otra persona querrá contárselo. Creo mucho en el profesional, en el periodista, en mis compañeros. Y mis penas son por ellos. Al fin al cabo estoy en etapa formativa, mi suela no está desgastada; me considero periodista de facultad, de los que han salido poco a la calle, de los que deben escuchar mucho más que hablar, de los que aún tienen tiempo, margen e inocencia para que le dejen un hueco en este sucio mundillo. Sé de buena mano que muchos otros se han hecho mayores y perdido la paciencia con el tiempo de las desdichas.
Nunca antes hubo tal maltrato a la profesión del tú, -si continúa es porque tú sigues ahí- justo además cuando más preparados están sus profesionales. Señalemos todos juntos a los que han destrozado el periodismo: los magnates, los que ante una crisis se enriquecen, ellos son los que no pagan los platos rotos y por los que tenemos que pagarlos nosotros.
Hoy como todos los martes ponía mi firma como epílogo al programa de FUTBOLMANÍA de TuRadioVitoria. Dado que solo en mis sueños era gran futbolista, desde pequeño quise ser un Pepe Domingo Castaño, un Miguel Rico, un Juanma Trueba. Ellos me dieron la oportunidad. Habían colaborado con nosotros gente de nivel como Héctor Fernández, Petón o Martí Perarnau. Sergio Vegas me lo ha notificado esta mañana. Estaba destrozado. No seguiremos en antena. A él, a Iñaki, a Álvaro y a Miguel, les debo la confianza depositada en un chaval de Cádiz, que estudia en Sevilla y que a pesar de situarse a 1.000 kilómetros de ellos en el mapa, nos fundíamos por el calor que da una función de radio.
Era para grabrarlo. Pero el dolor se dice callando. Permanecí mudo y petrificado al saberlo. Os lo dejo escrito. Darle voz vosotros y el cariño que se merecen a mis compañeros. Lo siento por los grandes próceres que existen detrás de los mercados comunicacionales, pero los modestos compañeros que lo han sido alguna vez, permanecen para siempre. Ante el poder de la unión entre periodistas nada tienen que hacer. Si no nos dejan soñar con la utopía de hacer otro periodismo, no les dejaremos dormir. Mi madre me llevaba todos los veranos a la casa de Machado y será por eso que me jacto de los propósitos y no de los resultados.
*El Real Madrid, Mourinho y Cristiano han espantado fantasmas. No se gana todos los días en el Camp Nou. Los portugueses nunca se habían llevado a la boca ese dulce sabor y al conjunto blanco se le había ya olvidado de tantas amarguras. En fútbol manda la inmediatez, ahora el Rey del gol se llama CR, el Rey de la asistencia Özil y el de los banquillos Mou. Como nuestra monarquía, hemos perdido el norte. El mundo en el que vivimos navega a una velocidad de crucero y el fútbol no es más que la prueba que lo refuta.
Guardiola felicitó al contrario y el suplente Piqué pidió respeto para los campeones de 13 títulos en 3 años. Este deporte se ha convertido en la gloria de lo efímero pero hay que tener memoria y echar la vista atrás porque si no miramos por el retrovisor del fútbol es imposible avanzar en el juego. A los de Pep les tocará pasar página. Antes de enfrentarse al Chelsea deberían haberla leído para no cometer los mismos errores. El Real Madrid no debe caer en euforia desmedida porque el Bayern, lo dice la historia, es siempre mucho Bayern. Les deseo lo mejor y pido perdón a Atlético, Athletic y Valencia que juegan el jueves, a Betis y Mallorca que certificaron la salvación y a Racing, Zaragoza y Sporting que sufren juntos la agonía del descenso. Seguramente ellos merecerían ocupar toda esta función.
En fin el futuro del fútbol se halla en sus orígenes, en el pasado. Lejos de los ultras del Genoa y cerca de los equipos y aficiones que reclaman el fútbol de toda la vida, limpio de violencia y lleno de alegría; la alegría del pueblo, la alegría de futbolmanía.
Mi optimismo es antropológico en el sentido de que mientras haya una persona que quiera escuchar lo que pasa, otra persona querrá contárselo. Creo mucho en el profesional, en el periodista, en mis compañeros. Y mis penas son por ellos. Al fin al cabo estoy en etapa formativa, mi suela no está desgastada; me considero periodista de facultad, de los que han salido poco a la calle, de los que deben escuchar mucho más que hablar, de los que aún tienen tiempo, margen e inocencia para que le dejen un hueco en este sucio mundillo. Sé de buena mano que muchos otros se han hecho mayores y perdido la paciencia con el tiempo de las desdichas.
Nunca antes hubo tal maltrato a la profesión del tú, -si continúa es porque tú sigues ahí- justo además cuando más preparados están sus profesionales. Señalemos todos juntos a los que han destrozado el periodismo: los magnates, los que ante una crisis se enriquecen, ellos son los que no pagan los platos rotos y por los que tenemos que pagarlos nosotros.
Hoy como todos los martes ponía mi firma como epílogo al programa de FUTBOLMANÍA de TuRadioVitoria. Dado que solo en mis sueños era gran futbolista, desde pequeño quise ser un Pepe Domingo Castaño, un Miguel Rico, un Juanma Trueba. Ellos me dieron la oportunidad. Habían colaborado con nosotros gente de nivel como Héctor Fernández, Petón o Martí Perarnau. Sergio Vegas me lo ha notificado esta mañana. Estaba destrozado. No seguiremos en antena. A él, a Iñaki, a Álvaro y a Miguel, les debo la confianza depositada en un chaval de Cádiz, que estudia en Sevilla y que a pesar de situarse a 1.000 kilómetros de ellos en el mapa, nos fundíamos por el calor que da una función de radio.
Era para grabrarlo. Pero el dolor se dice callando. Permanecí mudo y petrificado al saberlo. Os lo dejo escrito. Darle voz vosotros y el cariño que se merecen a mis compañeros. Lo siento por los grandes próceres que existen detrás de los mercados comunicacionales, pero los modestos compañeros que lo han sido alguna vez, permanecen para siempre. Ante el poder de la unión entre periodistas nada tienen que hacer. Si no nos dejan soñar con la utopía de hacer otro periodismo, no les dejaremos dormir. Mi madre me llevaba todos los veranos a la casa de Machado y será por eso que me jacto de los propósitos y no de los resultados.
*El Real Madrid, Mourinho y Cristiano han espantado fantasmas. No se gana todos los días en el Camp Nou. Los portugueses nunca se habían llevado a la boca ese dulce sabor y al conjunto blanco se le había ya olvidado de tantas amarguras. En fútbol manda la inmediatez, ahora el Rey del gol se llama CR, el Rey de la asistencia Özil y el de los banquillos Mou. Como nuestra monarquía, hemos perdido el norte. El mundo en el que vivimos navega a una velocidad de crucero y el fútbol no es más que la prueba que lo refuta.
Guardiola felicitó al contrario y el suplente Piqué pidió respeto para los campeones de 13 títulos en 3 años. Este deporte se ha convertido en la gloria de lo efímero pero hay que tener memoria y echar la vista atrás porque si no miramos por el retrovisor del fútbol es imposible avanzar en el juego. A los de Pep les tocará pasar página. Antes de enfrentarse al Chelsea deberían haberla leído para no cometer los mismos errores. El Real Madrid no debe caer en euforia desmedida porque el Bayern, lo dice la historia, es siempre mucho Bayern. Les deseo lo mejor y pido perdón a Atlético, Athletic y Valencia que juegan el jueves, a Betis y Mallorca que certificaron la salvación y a Racing, Zaragoza y Sporting que sufren juntos la agonía del descenso. Seguramente ellos merecerían ocupar toda esta función.
En fin el futuro del fútbol se halla en sus orígenes, en el pasado. Lejos de los ultras del Genoa y cerca de los equipos y aficiones que reclaman el fútbol de toda la vida, limpio de violencia y lleno de alegría; la alegría del pueblo, la alegría de futbolmanía.
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ALFONSO LOAIZA
Periodistas indignos o periodistas indignados
Uno de los lemas del 11-M: "Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir"
El corazón del periodismo se ha entristecido por los corrillos de las redacciones. Éstas parecen oficinas de funcionarios, hospitales donde los empleados se limitan a dar palabras y forma a la realidad para salvar sus vidas. “Los periodistas engordan y los periódicos adelgazan”, escribe Juan Villoro. La generación más preparada es la más aséptica, la que menos sale a la calle. Pocos son los que escuchan y muchos los que hablan. Últimamente en el periodismo deportivo se dedican a analizar para sacar las conclusiones del medio, en lugar de reflexionar para que las saquen los lectores. Ahí se supone que residía la magia de este oficio, el del tú y no el de yo. Marca y AS hablan de un Villarato y Sport y El Mundo Deportivo, de otro. La moda va para largo. El vender la mercancía sin previo paso por el filtro del sentido común es el camino. Y si al trayecto se le añade la perspectiva de las filias y fobias, mejor será el tránsito por las tripas de este abominable negocio.
Cuenta Cappa en su libro “La intimidad del fútbol” que, en el Mundial de México, Maradona envió una pelota hacia donde estaban los periodistas, en un entrenamiento, y uno de ellos se la devolvió con la mano. “¡Cómo van a hablar de fútbol estos tipos si la agarran con la manos! ¡Por Dios!”, aseveró. Quizá no le falte razón a esa espontaneidad del Pelusa. Hemos acatado con resignación la máxima de que en fútbol se hable de todo menos de fútbol. O no nos gusta mucho este bello deporte o somos unos cobardes. Pocos mencionaron el pase preciosista de Özil, pero sí su expulsión. También hubo espacio para los gestos de Cristiano, las demás tarjetas rojas o si Pepe o Mourinho dijeron filho de puta o hijo de puta. ¿Cómo no iba a haberlo? El fútbol, un juego, es así el producto mejor vendible en nuestro país. Un circo. Una especie de Gran Hermano donde prima el esperpento. Da lo mismo que participen concursantes con la historia del fútbol en su cabeza, como Xavi, o en sus pies, como Messi; los premios de las portadas se repartirán según la histeria que generen en el receptor.
No soy nadie para dar lecciones, tengo 21 años, pocos pinitos hechos en este trabajo y mil batallas por vivir. Sin embargo, creo necesario distinguir el grano de la paja y para ello rescato una aseveración del escritor de “Fútbol a sol y sombra”, Eduardo Galeano: “La vida se reduce a indignos e indignados“. Ocurre lo mismo en el periodismo deportivo. El periodista deportivo es indignado o indigno. El indigno se hace de oro a costa de ‘teorías conspiranoides’ sobre los árbitros y va con la camiseta del Barcelona o del Real Madrid adherida, no a su corazón, debemos reconocernos como humanos para ser honestos, sino a la de su pluma como acérrimo. Además, aparecen en televisión para dar gritos; viendo cómo está el panorama pronto será un signo de elegancia no salir en ella.
El indignado trata la información con rigor y se detiene para reflexionar sobre el juego. En un mundo indigno es probable que le den más palos a los indignados que a los indignos. Aún está mal visto unir la inteligencia con fútbol y mucho menos a éste con la cultura. No obstante, el indignado no ha de derrumbarse; la clave, supongo, que estará en tener fuego y pasión, en no perder el entusiasmo, una palabra preciosa que viene a significar poseer a los dioses dentro. Indica que en la travesía por el desierto no estarán solos. Tengamos ojos, poros y oídos abiertos y la conciencia despierta por la dignidad del deporte y del fútbol auténticos. En una entrevista con el subdirector del AS, Juanma Trueba, me explicó que para hacer una buena crónica había que encontrar nuestra propia voz. La voz ha de ser la del impertinente, nunca la del imprudente y siempre la del indignado. Periodismo no es un servicio, no son audiencias; es un derecho, son voces para los lectores.
Pienso como el poeta Luis García Montero que “el fútbol es lo más importante de las cosas no importantes”, pero es innegable el impacto que tiene el deporte rey en la vida de las personas y sobre todo en los jóvenes. Todos volvemos a nuestra infancia gracias a esos benditos 90 minutos. Los pequeños imitan a sus ídolos y, lamentablemente, hoy día se fomenta un mundo único para ganadores, no para luchadores y eso que, a veces, esos luchadores triunfan, como el Levante que está en Champions. Y si nos gusta tanto el fútbol es por ese encanto, por los versos escritos por el humilde rebelde desde la poesía de los sueños posibles.
El fútbol es también arma de futuro. No hay mejor ventana al mundo que la del balompié. Admito que uno de los mejores maestros que he tenido ha sido este lindo juego y mi aula más preciada para aprender de la vida sigue siendo la de este deporte. Esos niños no deberían crecer mediante la cultura del exitismo porque, un día, esos niños se harán mayores y será tarde para darse cuenta que admitir la derrota es la prueba donde se miden a los hombres. Los periodistas deportivos indignados deberían comentárselo a los indignos y a las altas esferas de la mercadotecnia de la comunicación. Por artículo o por twitter mediante 140 caracteres. Para algo deberíamos emplear estas tecnologías y no para aplaudirnos a nosotros mismos. Vivir en la histeria permanente puede traer consecuencias devastadoras.
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ALFONSO LOAIZA
Nadal, el deportista
Michael Jordan: "Algunas personas quieren que algo ocurra, otras sueñan con que pasara, otras hacen que suceda"
No hay mejor definición para la palabra deportista que el nombre de Rafa Nadal. Su fuerza mental, que le permitió sobreponerse a la elegancia de Federer con asiduidad, aún no ha logrado imponerse ante el torbellino de Novak Djokovic. O quizá sí, primero porque en la final del Open de Australia ha comprobado en sus propias carnes que se le puede ganar, segundo porque retar al destino es capacidad acotada solo para campeones y tercero por su respeto absoluto hacia todo lo que le rodea. En próximas reuniones, los académicos deberían adaptar en los diccionarios esta nueva acepción para el término deportista. Jorge Valdano en una entrevista para El país lo definía así: "Es el deportista que mejor representa al Real Madrid, cuando gana porque se deja la vida en el campo y cuando pierde porque lo hace con nobleza". El triunfo es muchas veces impostor. El éxito no nos hace mejores. Es la lucha por conseguirlo, el verdadero baremo para la grandeza. Por eso, existen derrotas que engrandecen tanto o más que las victorias.
Tras un partido épico y repleto de emociones, en el que Djokovic y Nadal se exprimieron al máximo, el manacorí, sucumbió ante el actual número 1 del mundo como sucumben los más grandes. De pie. Con gestos de dolor, dichos con gritos a la hora de golpear la pelota y siempre callando, a través del silencio en el descanso de la batalla. Sin numeritos. "Una regla no escrita del tenis dice que si estás cansado debes esforzarte porque no se note", argumenta Rafa en su biografía escrita por John Carlin.
Para mi gusto, la faceta mágica y casi santorial del tenis reside en el poder envolvente que atesora. En medio de la batalla deportiva, los aficionados enmudecen para escuchar a los gladiadores. Después toman la palabra. Y Nadal continuamente les hace partícipes en su oasis particular para abstraerse. Luego siempre tiene palabras de agradecimiento para el público. Juega para ellos. No en vano, tras caer derrotado, repitió unas treinta veces "Thank you". Gracias a todos. Desde su contricante, al árbitro, a los recogepelotas, a los patrocinadores pasando por toda esa gente que le anime o le pite, al final de cada encuentro caen rendidos al encanto del hombre de los imposibles. Que llegaran al quinto set, si le profesan amor al tenis, lo celebraron hasta los serbios.
Ahora al español le ha salido un competidor magnífico como Djokovic. El serbio le tiene tomada la medida hasta el momento. En la pista es Atila con raqueta, un híbrido de Nadal y Federer, y aunque a veces cambie las buenas formas ("le hubiera gustado que hubiera hoy dos ganadores") por las alharacas y aspavientos, es ya uno de los grandes por su tenis lleno de técnica depurada, como su cuerpo y dieta; sin gluten.
Los españoles deberíamos quitarnos el sabor amargo que deja la derrota. La de Rafa Nadal no es tal porque nos enseña el deporte que sirve pese a que no salga triunfante. El tenista español como guerrero Zen desde la impasibilidad no para de ennoblecerlo y paradójicamente, alejarlo del utilitarismo y resultadismo. A pesar de su condición de tenista más joven de la historia en conseguir los cuatro torneos de Grad Slam, su mayor título no se mide en trofeos sino en valores.
Cada partido de Nadal es un elixir de vida que se nutre del manjar del tesón y la fe en buena lid. La naturalidad y cotidianidad que ha mostrado en el ganar las mantiene intactas en el perder y tiene una amalgama de respuestas para cualquier tipo de adversidad. La última se llama Novak y se apellida Djokovic. Está más cerca que nunca de batirla. El serbio queda advertido que como gran deportista Nadal no bajará los brazos jamás.
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ALFONSO LOAIZA
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